Los
párpados pesan. Abro los ojos a un amanecer que debo agradecer y al que yo solo
quiero renunciar. Horas en el cuarto dando vueltas como un animal enjaulado en
el tiempo. Malabareo, afino trucos viejos, practico nuevos y me familiarizo con
técnicas que apenas intuyo. Torpeza motora, lo mismo cabría decir, torpeza
existencial. Nunca he sabido hacer dinero. En casa escribir parece absurdo.
Debo salir. Ahí dentro, algo en mis dedos se estremece. Afuera llueve. No hago
otra cosa más que girar. A mi paseo voy solo, pero deseando una compañía
imposible. Sonrío. Ella existe y eso basta. Mojo mis pies. Andar distraído es
peligroso cuando recién acaba de llover. Enciendo el cigarro que compré anoche
y pienso en ejercer mi derecho a sentirme triste. En la noche un encuentro. El
mar está lejos, cada vez más lejos, y con él el primer azul. El cielo, apenas
gris, viejo gigante y ceniciento que no tiene nada para mí. Ni el cielo ni el
mar. Entonces ¿En dónde buscar el azul? Regreso, me arreglo, y antes de salir
veo el chorrito que sale de debajo de la nevera como si esta sufriera de una
extravagante incontinencia. El televisor empequeñece a sus personajes, los dvds
no sirven tampoco, “a esta casa hay que echarle unos ramazos” se escucha la voz
adolorida de mi hermana. En casa todo se daña y todos estamos enfermos. Una
colección de objetos muertos y chuecos nos acompaña en el devenir cotidiano de
cuatro seres que no se invaden, pero que tampoco se permiten estar
verdaderamente solos. Mi casa es pequeña. La noche llega y en sus entrañas el
inminente olor a yerbabuena del té que tu amiga hace. Esperas abajo y ella aparece
una media hora después. Amenaza con llover y te devuelves a casa. Bañarse en la
lluvia de noche siempre es mejor en compañía. Prendes otro cigarro y no hay
respuesta aún. Quieres imaginar que el azul está en el blúmer de ella, y que
así como tú, espera ansiosa a que se lo bajes.
12/9/2017
Un café dos cafés
Llegas
a esa panadería céntrica donde lo único especial es el café y las donas
rellenas con crema pastelera. Vas a hacer el pedido y en lugar de pedir un café
pides dos “Chamo dame un late, no mejor dame dos”. No sabes muy bien por qué lo
haces, pero igual te sientas en la mesa de siempre, esa que tiene un gran
vidrio que da a la calle y que está justo al lado de la caja. Tus movimientos
obedecen a un impulso inconsciente que todavía no comprendes, como si se
moviera alguien más, como si no fueras tú mismo el que acaba de sentarse.
Alguien te mueve, algo te mueve. Observas dos parejas de turistas hablando en
un francés que más o menos entiendes. Resaltan lo bella que es la ciudad. Comen
empanadas con un placer que no recuerdas haberlo sentido tú antes. Hay dos
mujeres de edad madura que beben café y comen galletas con chispas de
chocolate. La cajera tararea y baila el vallenato que parece repetirse desde
que llegaste. Todos son felices, aparentemente. Me bebo mi late a sorbos
pequeños y contenidos. Leche y café, no café con leche, el desequilibrio es
leve, pero no es difícil notarlo. La dona, puf, ni se diga. La crema que la
rellena es cuantiosa y no excesivamente dulce. Me la como, poco a poco como si
mis dientes mordieran muslos, así como imaginas el interior de sus piernas
dóciles y atentas. El otro café vigila, solo espera del otro lado de la mesa.
Aunque varios conocidos te saludan, ninguno si quiera intenta quedarse, el café
solo los espanta. Te llega el deseo de leer un libro de poemas que tienes en el
bolso, lo sacas, pero te sientes absurdo, no quieres leerlos, quieres
compartirlos. La espera te mueve, así como lo hace con tu paciencia. Guardas la
mitad de la dona y decides salir con el café frío a la calle. Enciendes un
cigarro y recobras una independencia que creías perdida. Le regalas el café a
Sr X, el mendigo que siempre está afuera de la panadería. Caminas y encuentras
una licorería en la que pides una cerveza. Ser presa de la espera no ha estado
mal, pero sentirte libre (aparentemente) te prepara para una espera nueva,
donde no hay cafés que vigilen.
12/09/2017
(Del Libro de Apuntes "Un café dos cafés", 2017)
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