Alora además de estar loca,
era mi amiga más cercana y también estaba enamorado de ella. Creía firmemente
que era una princesa y se la pasaba besando cada sapo que se le atravesara en
el camino. Lo hacía apasionadamente, sólo el barro y la viscosidad de
uno que otro se lo impedía. Yo nunca la
entendí, no fui fanático de nada cuando niño, vivía sólo para amarla.
Su locura empeoró cuando se acercó la fecha del carnaval
de ese año fatídico y se propuso irse caminando por toda la ciudad y sin rumbo fijo a
buscar a su príncipe azul en todos los pozos que se encontrara. Yo
me asusté, pero inmediatamente le prometí que la acompañaría si mejor se
esperaba hasta vacaciones ya que no podía faltar a clases porque su mamá la
regañaría.
Después de pensar unos días en ella y sus
manías tuve una corazonada que me alarmó, me quedaba una cuenta regresiva y
tenía que hacer algo al respecto. Me propuse acabar con todos los sapos a su
alrededor y descubrí habilidades de cazador con liguitas que hasta
entonces no conocía. Después de haber acabado
con unos cuantos, le hice ver a Alora la misteriosa desaparición y lo justifiqué
con una noticia que había escuchado por televisión: los sapos comenzaban a ser
una especie en extinción.
El drama llegó cuando
se asomaba la adolescencia en el cuerpo de Alora. No hubo época más bonita que
esa, mis hombros sirvieron de apoyo para su depresión, estuve muy cerca de
besarla, pero me sentí como un sapo, no porque dentro de mí hubiera un príncipe
sino por lo asqueroso. No aguanté y el remordimiento dio paso a una confesión
trucada, incompleta, pero con todo y eso muy sincera. Desde ese día Alora no me
habló más. Estuve pensando mucho tiempo para ver si encontraba una forma de
solucionar el percance y entre tantas cosas que se me ocurrieron decidí regalarle un
sapo magnífico e inmenso que tío me trajo de su alberca. Lo guardé en una
caja azul cielo igual de grande,
coronada por un gran lazo rojo y que
contenía una nota que decía: sé que no
hice bien, pero ya estoy resignado, has decidido pasar tu vida besando sapos equivocados.
(Del libro de relatos breves "El hombre del paraguas", (2013)
(Del libro de relatos breves "El hombre del paraguas", (2013)
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