Diles
Cristina, no te quedes callada, diles que nadie de nuestra generación conoce
mejor las bibliotecas de esta ciudad que yo, de lo que ha sido de ellas y de
ese gran palacio de cristal inmaculado que ha construido mi memoria para no
olvidarlas. Diles Cristina, que nuestro querido Borges tenía razón cuando veía
el paraíso en forma de biblioteca, que mis ojos se perdieron tras las cenizas
en la senda de Amos Oz esos días en los que no entraba a la universidad por ir
a la David Curiel a perderme entre sus libros. Vagar en las calles de esta
ciudad ojerosa como un fantasma solitario e infinito que es llevado a una plaza
o una biblioteca a leer para detenerse en el pasado fue mi hábito más puro. ¿Te
acuerdas del encargado gangoso del Consejo Legislativo que casi me pilla con un
Para Negar El tiempo de Elías Bracho
a punto de ser encaletado? ¿O de Jackson, el de los almuerzos vegetarianos que
cuando me vio guardando un Ramos Sucre me dijo sonriente “Cuando vuelvas tráete
un bolso más grande para que puedas hacer un buen mercado”? Aunque no lo creas,
los fantasmas también tenemos ángeles. Me dejé entrever entre lo metafísico
mágico de Salez., lo onírico y plástico de González Palencia y me desviví tanto
con los espantos de Álvarez que terminé convirtiéndome en uno que sólo sabía
robar libros. Vamos Cristina, acompáñame a visitar sus restos y sus salas
solas, no quiero que se sientan tan tristes porque no haya más fantasmas en
esta ciudad que sacudan los anaqueles y les lea sus libros. Diles, que allá en
la montaña a donde me mudé tras otro sueño no he pisado una sola biblioteca
pública, que siempre seré suyo, su fantasma que sólo sabía robar libros.
(2015)
brutal hermano
ResponderBorrarGracias hermanito. Un abrazo.
BorrarGenialisimo! El mejor de los éxitos.
ResponderBorrarAmén querida. Un abrazo.
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