Leer
el periódico
atormentar
al señor de barba larga y mirada impasible de
la plaza
buscando
un consuelo que nadie te dará
porque
tu amigo ya no sale en deportes
ni
en la página de cultura
ahora
solo es un obituario que se repetirá hasta el noveno día
y
luego habrá que esperar un año entero
para
volver a ver una foto suya en el diario del pueblo.
Leer
el periódico
dejar
que los ojos se te cierren por el exceso de polvo
y
las inmensas ganas de llorar
darte
cuenta que el señor se ha ido con su barba larga y blanca a comprarse un café
te
ha mirado feo porque está cansado de escuchar a tanto loco por la calle.
Leer
el periódico confundido e indefenso
permitirle a la memoria que construya su
sinfonía única
escucharla
atento sobre los bancos de esta plaza
templo
en el que muchas veces compartiste
casettes
de
Proyecto Uno y la Corte Imperia.
Leer
el periódico
asumir
la derrota de lo que creemos que nos arrancan de raíz
pero
no se va nunca
subir
las cuestas que te faltan
mirar
hacia arriba
descubrir
que tu amigo te aguarda
es
mucho más que una fotografía impresa en un periódico local
quieres
devolverte porque se te ha olvidado la radio
y
no lo consigues
la
sonrisa que se dibuja en su rostro
es
la cárcel que estabas esperando.
(Del Libro "Los muertos también aman", 2015)
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