Las sábanas de Baltasar Amed


El abuelo se escondía cada vez que escuchaba la voz del viejo Baltasar Amed pregonando sus sábanas de colores y sus almohadas de plumas. Que porqué, porque mi abuelo era su único amigo, el único con el que podía hablar. Y el abuelo ya estaba cansado de escuchar la misma historia de su viaje desde Palestina. En el fondo no le creía, nadie puede llegar de tan lejos en unas simples sábanas. Además de que todo lo que nos contaba parecía sacado de un libro de cuentos, su vida, según él, había sido más fascinante y fantástica que cualquier película. A mí sí que me gustaba escucharlo, sólo que a veces sus vuelos maravillosos eran tan altos que yo sentía miedo de que en cualquier momento saliera volando por la ventana. Un día antes de que al abuelo le tocara su viaje al cielo, Baltasar Amed nos visitó. Él también estaba un poco triste. Le dijo algo al abuelo al oído que yo no pude escuchar bien y que trataba sobre un perdón o algo así. Le dejó luego una sábana azul marino a su lado y se despidió. Yo salí a acompañarlo hasta el porche y vi con mis propios ojos cómo dejó que todas sus sábanas volaran, llevadas por el fuerte viento hasta las alturas  del cielo. Con sus telas multicolores las subieron y subieron hasta cubrir las nubes de diferentes tonos. El viejo Baltasar sujetó una amarilla, muy escandalosa, con la que despegó confundiéndose con el sol y perdiéndose de mis ojos. Nunca más lo volví a ver. Entré de nuevo a la casa. Un tanto ansioso busqué a mi abuelo para contarle y cuando atravesé la puerta de su cuarto lo encontré vacío y sin la sábana. Una nota encima del edredón era el único vestigio que quedaba de él, la nota decía así: cuando me extrañes mira el cielo, cada nube azul marino que veas son mis ojos que no se separarán de ti hasta que consigas tu propia sábana, nunca lo olvides. Estas palabras me sorprendieron, pero no mucho.

(Del Libro "El hombre del Paraguas", 2012)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¿Quién viste al Rinoceronte?

Lo peor no es que sea negro y gordo, lo peor es que el vecino sabe para qué lo llaman tan temprano y no atiende. Prefiere que los transeún...