¿De qué te sirve? ¿Ah? ¿De qué te sirve mirar por la
ventana, si lo que buscas está dentro y no afuera? 8 pisos te separan de la
calle y tu misión no es suicidarte, solo conseguir las llaves. “Es que eres muy
distraído”, dice ella y tú solo piensas en su cara cuando le cuentes que
perdiste la más importante entrevista de trabajo de tu vida porque se te olvidó
donde pusiste las llaves.
Primer espacio: el cuarto, mi cuarto. Corrijo,
nuestro cuarto. Desde que mis papás se fueron y ella se mudó aquí este apartamento
dejó de pertenecerme. Siempre tranca. Mi sueño profundo la hace pensar que
pueden desvalijarnos mientras yo fantaseo en un trío con ella y Dual Lipa
y que además Lana del Rey nos saca fotos
con una Polaroid que compró en Manhattan (Manhattan es una palabra que me
gusta). Puede que algún día vaya a Manhattan. Mesita de noche: sin novedad.
Ropa sucia mía y de ella: sin novedad. Debajo de la cama escucho leves
murmullos y descubro que son nuestras cadenas de las sesiones de Sado. Gavetas
de ropa limpia. Nada, me estoy quedando sin condones. Ojeo en el escritorio y
siento que estoy buscando para no encontrar. En realidad no quiero salir.
Seguro fue el duende. Ella arruga la cara y me pide que me calle cuando le
hablo del duende. Todas las casas tienen uno. En todas las casas siempre se
extravían cosas. Las raspaduras en la nevera. Las copas rotas. Los zapatos sin
par. Todo es culpa de él.
Segundo y tercer espacio. Apenas abro sus puertas.
El cuarto de mis padres ha permanecido intacto desde que ellos se fueron. Una
fina capa de polvo sobre los libros y la ausencia de huellas, rapaduras y
adornos dañados me asegura que el duende no ha estado aquí. El depósito de las
cosas viejas, de los aparatos dañados sin el plan inminente de ser arreglados.
Mis útiles, juguetes, libros de infancia y adolescencia. Aquí menos. Cada vez
que entro me entristece la noticia de mi edad. Y Sin hijos. Y sin un trabajo
importante. La cocina brilla por la oficiosidad de ella. La obsesión por
mantenerla limpia me duele al ver. Creo que al duende también. Una mancha por
aquí de mi autoría, otra por allá de la él. Ambos sabemos que ese es su reino y
dejar las manchas para que las limpie se lo confirma.
Cuarto y último espacio. Mirar por la ventana sirve
para que el tiempo pase y con él, y en él la GRAN ENTREVISTA de trabajo. Desde
que ella llegó la sala está repleta de Búhos. Tazas, afiches, relojes,
peluches, adornos. Lo falso sustituyendo a lo real. Ella lo planteó al
condominio, pero por una razón que ni ella ni yo entendimos se lo impidieron:
prohibidas las aves. Entre los libros de la biblioteca consigo una carta de las
que mamá le mandaba a papá cuando estaban de novios y vivían en países
distintos. Siempre que uno busca algo consigue otra cosa. Dejo la carta sobre
la mesa del comedor y busco sobre los muebles. Nada. Se esfumaron, se hicieron
parte del cosmos. Se desintegraron en partículas subatómicas y pasaron a formar
parte del aire, quiero creer. Esgrimo una serie de explicaciones para ella pero
ninguna me convence a mí.
Voy hasta el cuarto y quito la ropa. Decido andar
desnudo por la casa. En veinte minutos no llego ni en taxi. Enciendo un cigarro
y se me ocurre que deben estar en el sillón. Claro, ayer me quedé dormido ahí y
ella me llevó hasta el cuarto de madrugada. Alzo el cojín y nada. Levanto la
tela que da hacia el piso y nada. Tomo la carta de mamá que está sobre la mesa
y me siento sobre el sillón a seguir disfrutando de mi cigarrillo. La prosa
edulcorada y rebosante en metáforas cursis de mamá me ponen profundamente triste.
Me hundo en el mueble mientras el cigarro se consume solo. Voy descendiendo y
mi cuerpo comienza a ser tragado por el sillón. Mejor así. Solo mi rostro queda
afuera y yo veo al duende pasearse por la casa. Sabía que existía. Se sube sobre una silla de la mesa del
comedor y saca las llaves de la panza de un reloj-búho que detesto. Se burla de
mí y abre la puerta de la casa y se va. Esgrimo par de explicaciones pero
ninguna me convence. Desde aquí quizá descubra de qué sirve realmente mirar por
la ventana.
30/10/2017
(Del Libro "Quien viste al rinoceronte" 2017)
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