Poema interrumpido
en el sexo de la noche. Negado a la alegría voy calmando el trote. Siempre hijo
absoluto de los malos presagios. Poema acuchillado en el estómago del río. Mi
madre insistió siempre en sacarme las piedras de la boca pero yo seguía armando
el muro. Jaula imposible en mi garganta. Niño amargado en las fiestas. Puerto
cerrado al vuelo de los ángeles que me rodearon. Nunca he custodiado el vuelo
de nadie. Atadura. Siempre atadura. Quiere perdonarse y no lo dejan. Quiere redimirse y abrir los brazos a su
próximo candor. Poema interrumpido por el bostezo de un brujo. La palabra mágica
en mis días de infancia fue,
NO
un no cerrado en la vigilia y el sueño,
NO rotundo,
NO de dientes rotos y encías llenas de sangre.
Dicen mamá y papá que nunca he tenido más voluntad y
convicción que cuando fui pequeño. Nadie más que yo mismo ha sabido negarse el
cielo tantas veces. Implacable juez en los amaneceres en los que estoy solo,
sin presente
sin pasado
sin tiempo,
como un poema abandonado
a la suerte del asfalto. Ay, cada payaso con su tristeza, dicen mis magos. Yo aborrezco
sus mensajes. Todos los lechos me fueron esquivos menos uno y no supe levantarle
un altar.
Poema forzado por
la deuda con la página, mi deuda con el mundo nunca será saldada. Poema clarito
como el café que bebo para calmar el hambre,
sales al frente a dar el primer golpe,
derrumbas el castillo,
los más cercanos se mueven para no ser golpeados por los
escombros.
Con el alma
enardecida. El candor emancipado. Le abres el pecho al día para que entre el
sol. Desde mis ojos en resplandor. Desde mi garganta brillante mi voz le habla
a la vida. Poema interrumpido por el ascenso del aire que sale de mis pulmones.
Respiro.
(Del Libro "Quisiera haber nacido Superhéroe", 2016)
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