El viejo de la camioneta negra


El viejo de la camioneta negra  me mira a los ojos
y entristecido me pregunta
por qué no lloro
que con tanto muerto encima
por qué el llanto me es esquivo
me rehúye y no me deja con los ojos arrugados.

El viejo de la camioneta negra
tiene un rostro  desconocido
que se parece al de un tío que conocí cuando pequeño
pero que nunca más volví a ver por culpa de la muerte
tan mal agradecido soy con la vida que sólo le pedí la bendición un par de veces.

El dolor coge la acera de enfrente cuando se pierde el hábito de llorar.
El dolor se monta en los buses de uno cuando recuerdas que la memoria no basta.
Mis santas ya casi no me escuchan
me han pedido una tregua agotadas de tanto lamento.

Ese mismo viejo ve que se me caen los pantalones
y me pregunta algo burlón y sacrílego
por qué estoy tan flaco
por qué los brazos no me rinden
para empujar la camioneta
que si no estoy comiendo como es
o lo que como no me abarca el cuerpo.

El viejo de la camioneta negra llega hasta mi casa
me acompaña desde la infancia
yo lo despido siempre en la puerta del cuarto
si lo dejara entrar
lloraría.



(Del Libro "Los Muertos también aman" 2015)

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